Columnas, Crítica y Opinión, 03 de Julio del 2020

Durante una conferencia sobre la manipulación de las masas que me invitaron a dar en la ciudad de La Paz Bolivia, y en la que uno de los temas centrales fue el Instituto Tavistock, se me acercó uno de los asistentes y me preguntó: «¿Se podrían emplear las técnicas del Instituto Tavistock para despertar a la gente en lugar de manipularla?»

Mi respuesta fue que si las masas pueden ser manipuladas y dirigidas para objetivos que van en su contra, también podrían ser dirigidas para hacer el bien y despertar de ese letargo mental en el que las han sumido los que dominan el mundo.

Mi argumento, basado en los estudios de Gustave Le Bon, Kurt Lewin y Solomon Asch, es el siguiente.

Partamos de una frase atribuida a Jesús de Nazaret: «no le deis las perlas a los cerdos» (Mt. 7:6). La frase hace referencia a qué no debemos perder el tiempo dándole las primicias y conclusiones de nuestros estudios/ideas o descubrimientos a gente que no los va apreciar, no podemos perder el tiempo tratando de convencer a un individuo o grupo que aun viendo las pruebas de su error, se niega a aceptar que está equivocado. Supongo que a muchos les habrá pasado que se topan con gente muy «cerrada», fanáticos que no da ni un resquicio de oportunidad a ideas que chocan con su concepción de la realidad. No solo entre los grupos radicales de moda se presenta este fenómeno, sino incluso en los que se consideran a sí mismos movimientos moderados.

Lo anterior se debe a un primitivo y muy natural instinto de preservación, ya que cambiar la concepción de toda una vida equivaldría a una autodestrucción y posterior reconstrucción, trabajo que requiere un gran esfuerzo que no todos están dispuestos a llevar a cabo y que el filósofo Platón, bosquejó perfectamente  en su famosa alegoría de la caverna, donde relata cómo un grupo de esclavos que ha vivido desde su nacimiento atados en una caverna, sin poderse mover ni un centímetro, se acostumbran a ver las sombras que proyectan sus captores sobre la pared de la caverna frente a ellos. Cierto día uno de los prisioneros es liberado y conducido fuera de la caverna donde se da cuenta de que la realidad que él conoce sólo es parte de una realidad mucho mayor, al volver a la caverna trata de hacerle saber la otra realidad a sus compañeros quiénes lo tratan como a un loco, en su desesperación por hacerles saber que lo que decía era realidad, éste insiste hasta que sus compañeros, incapaces de comprender las palabras de alguien que poseía una verdad en esencia liberadora y mayor que la suya, acaban matándolo por considerarlo un peligro para su «estilo» de vida.

Platón demostró con su alegoría que no se puede convencer a una persona de algo contrario a lo que ha formado o deformado su personalidad.

Kurt Lewin

Uno de los grandes psiquiatras que entendió esto fue el famoso Kurt Lewin, director del Instituto Tavistock en 1932. Él fue el creador y principal impulsor de la llamada Dinámica de Grupo, por medio de la cuál postuló que era más fácil introducir cambios mentales y de conducta en un grupo y que éste a su vez generara cambios en un individuo, que tratar de generar cambios directamente en un individuo. Es así que Lewin observó que un grupo que comparte una idea u opinión, ejerce una sutil presión social sobre el individuo aislado hasta que éste, por motivos de pertenencia a una manada, adapta su conducta a la del resto del grupo.

Le Bon

Dicho de otra forma, resulta más fácil convencer de algo a un grupo de personas que a un individuo aislado. Ésta idea podríamos enlazarla con lo observado por Gustave Le Bon en su libro La Psicología de las Masas, de 1895, donde escribió que: «las masas son intelectualmente inferiores a una persona aislada.» Y que: «Dentro de la masa el individuo entrega su voluntad y capacidad de pensar por sí mismo, convirtiéndose en un simple autómata componente de la masa que hace lo que la masa le indica». Dentro de la masa el individuo pierde toda capacidad de pensar por sí mismo y queda a merced de lo que Le Bon llamó, el operador experto, cuya capacidad de influenciar y dirigir a las masas se asemeja a la de un hipnotista.

Años después, al terminar la contienda armada de la Segunda Guerra Mundial, Kurt Lewin realizó experimentos con la población de la Alemania Nacionalsocialista derrotada y observó que implantando una idea preestablecida en la mayoría de un grupo, se podría convencer al resto de casi todo lo que se propusiera un operador experto. Esto lo llevó a publicar su artículo El Caso Especial de Alemania, donde desglosó los pasos que los psiquiatras tenían que llevar a cabo para hacer que los alemanes, histórica y tradicionalmente miembros de una sociedad autocrática (Monarquías-Dictaduras-Totalitarismos), se convirtieran rápidamente en una sociedad democrática.

En 1951 Solomon Asch demostró que por medio de los experimentos de la dinámica de grupos, no sólo se podían influenciar comportamientos sobre los individuos, sino que se les podía llevar a aceptar lo más tonto y contrario a la realidad por medio de una sutil, pero poderosa presión social. A grandes rasgos el experimento de Asch o experimentos de conformidad con el grupo de Asch consistía en lo siguiente:

Solomon Asch

Asch pidió a unos estudiantes que participaran en una supuesta “prueba de visión”, pero en realidad todos los participantes eran actores cómplices del experimento y el sujeto de observación era solo uno. El experimento consistía en ver cómo el estudiante que no era parte de los actores reaccionaba frente al comportamiento errático de los cómplices. Se les mostró una tabla donde se encontraban tres líneas de diferente logitud y se les preguntó si una línea era más larga que otra, cuáles tenían la misma longitud, entre otras cosas. Los actores habían sido preparados para dar respuestas incorrectas en los test y determinar si ello influía en las respuestas del otro estudiante. El resultados fue sorprendente, el sujeto de estudio, es decir el estudiante que no era parte de los actores, daba las respuestas correctas, sin embargo a ver que los demás daban otra respuesta y aunque estaba errada la mayoría la compartía, él empezó a cambiar sus respuestas dando las erróneas a sabiendas de que era falsa.

Con esto Solomon Asch demostró que el ser humano cede ante la presión del grupo por más erradas que sean sus observaciones. De éste modo podemos comprender, como decía Gustave Le Bon, el por qué un individuo puede cometer los actos más perversos cuando se encuentran inmerso dentro de una masa no pensante, porque dentro de la masa el individuo pierde dominio sobre sí mismo y disminuye varios niveles en capacidad racional.

Como ya lo adelantamos, los estudios de Kurt Lewin se aplicaron en el cambio de conducta de la población alemana después de la Segunda Guerra Mundial y sirvieron de base para el desconocido Tratamiento de Desnazificación, por medio del cual se pretendía, y aparentemente se logró, erradicar el espíritu imperialista y supuestamente belicoso de los alemanes, pretendida herencia de su historia prusiana de acuerdo a autores como Theodore N. Kaufman y Louis Nizer.

En la actualidad los avances de Kurt Lewin en materia de dinámica de grupos que fueron aplicados para literalmente lavarle el cerebro a los alemanes, han sido llevados a múltiples áreas del aprendizaje humano tales como programas de estudio que abarcan desde prescolar a universidad, programas de trabajo en equipo, masas electorales, vida y conducta social, servicios secretos y agencias de seguridad como la CIA y similares. Los líderes u operadores expertos de las ideologías de moda y movimientos radicales que pululan en el mundo, aplican los conocimientos desarrollados por Kurt Lewin para captar personas carentes de amor propio y desesperadas por pertenecer a una manada.

Por medio de la aplicación de la dinámica de grupos de Lewin se lleva a la uniformidad de pensamiento a las masas.

Basados en lo expuesto anteriormente podríamos preguntarnos, ¿Puede hacerse ver la verdad a la humanidad por medio de la dinámica de grupos?

Si tenemos en cuenta que para engañar y uniformizar a las masas las técnicas de Kurt Lewin han sido en extremo efectivas, podríamos decir que lo es nocivo para las masas se puede emplear para un bien, o mejor dicho, si por medio de la psicología se puede llevar a las masas al letargo mental, así mismo se le puede despertar.

La tragedia en éste caso es que la psiquiatría de alto nivel, cómo la desarrollada en centros como Tavistock y similares, ha sido empleada desde su desarrollo para el dominio de las masas, nunca para su liberación ni beneficio.

El experimento de conformidad con el grupo de Asch, demuestra lo que ya Nietzsche había señalado en sus escritos sobre el Súper Hombre, donde llegó a la conclusión de que la actitud humana varía en lo que respecta al gregarismo.

De acuerdo a Nietzsche, el mundo podía dividirse en dos tipos de personas, los que siguen a todos los demás y los que son independientes del resto. Los primeros, es decir los gregarios, son personas que tienen una voluntad débil, siempre actúan a la defensiva, no defienden sus instintos y cobardemente quieren aniquilar sus pasiones porque las juzgan vergonzosas, son propensos a seguir al rebaño y adoptar actitudes e ideologías impuestas. Un ejemplo, la ideología de géneros.

A los segundos Nietzsche los consideraría mejores seres humanos, ya que se acercan  pues más al prototipo del superhombre. Su carácter fuerte le otorga a éste tipo de ser humano más libertad, son más espontáneos y creativos, lo cual es una característica común de una voluntad fuerte.

Por desgracia para la raza humana, el segundo grupo es menos nutrido que el primero, por lo cual podemos comprender perfectamente por qué la gran masa no pensante se deja envolver por la voz mayoritaria, aunque ésta le diga que todo lo que conocíamos de biología hasta hace unos años es mentira y que un virus puede volar en los billetes y sobrevivir «desde algunas horas hasta tres días dependiendo del tipo de superficie» según una publicación del «prestigioso» medio argentino, Infobae.

Ya lo decía Kant: «El ser humano es el único animal que necesita un amo para vivir», y el amo del humano en la actualidad se le conoce «medios masivos de comunicación», entre los cuales obviamente podemos incluir a las redes sociales, que se encargan de imponer la opinión mayoritaria a todos los gregarios del mundo aunque ésta opinión sea que 2+2 = 5. Aquellos que se dedican a seguir al rebaño, a sabiendas de que esto es incorrecto, lo repetirán por el simple instinto de pertenencia a la manada.

Aquí radica la gran tarea de quienes conocen ésta verdad ineludible y tienen las herramienta para ayudar a la humanidad a liberarse realmente de las cadenas de la opresión de las élites, y nos referimos a una verdadera liberación mental, no a esa pretendida liberación falsa y estúpida de los marxistas y su engendro antifa o la que promueven los decadentes y débiles liberales-conservadores.

Debemos entender que no todas las respuestas vienen de terceros. Quienes conocen los mecanismos de manipulación de las masas y los plasman en una obra literaria, en una conferencia o en cualquier medio por el cual se puede hacer llegar ésta información, ya están haciendo una gran labor, y quién lee o escucha esa información debe ser capaz de tomar la decisión por sí mismo de seguir dentro de la rueda del hámster o romper con esa carrera sin fin ni destino.

Existen muchas obras literatias que nos ayudan a liberar nuestra mente, por citar algunas tenemos:

• Un Mundo Feliz de Aldous Huxley.
• 1984 de George Orwell
• Farenheit 541 de Ray Bradbury.
• Imperium de Francis Parker Yockey
• Guerra Invisible; Acción Psicológica y Revolución Cultural de Pablo Davoli y Lucas Carena.
• La Psicología de las Masas de Gustave Le Bon

Inclusive, y pecando de auto citarme, el libro El Mundo Detrás de las Cortinas de su servidor, Samuel Cruz.

La verdad está allí, solo hay que hacer el esfuerzo de observarla, y no lo olvides, no pierdas el tiempo dándole las perlas a los cerdos, dáselas a quien las va apreciar y aprovechar.

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Escribe Samuel Cruz para La Era de México

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Pedro Varela 1

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